Estoy deseando llevar un burka. ¡Imagínate! Toda tapadita, sin que se me note una forma siquiera. Me vendaré de paso los pechos, que he salido algo pechugona como mi madre y así no resaltará nada de nada. Y podré ir por fin por la calle sin ir incitando a esos pobrecitos machos que, claro, no tienen otro remedio que señalar algo sobre mi físico porque lo voy ahí enseñando alegremente, a lo tonto y a lo loco, pobre tonta inconsciente.

La idea, todo hay que decirlo, no es mía. Porque ya se sabe que para provocar andamos bien listas, pero para poco más nos da la sesera, si no estaríamos mandando igual que ellos, cobrando igual que ellos y en las mismas condiciones que ellos. Y eso hasta yo, que para más inri soy rubia, sé que no es así. La idea me la ha dado el Ayuntamiento de Gijón, que como iban las socorristas en bikini y los machos se estaban revolucionando ante la visión turbadora de la carne no podían controlarse y se veían obligados a hacer fotos de los culos y compartirlas en las redes con comentarios sexistas, en el Ayuntamiento han decidido que lo mejor es que ellas se tapen. Que dejen de enseñar el culo. ¡Eureka! Bra-vo. ¿Pero cómo no se nos había ocurrido antes? Porque somos mujeres, claro,  y no nos da, no nos da.

Mira que la solución era fácil. Y estaba ahí, delante de nuestras narices. Eso es lo que hay que hacer: taparse. Que no se nos vea nada de nada. ¡Ale! Ya está arreglado. Lo más adecuado entonces sería el burka. Ya hay mujeres que los usan y bien felices que están sus hombres. Sus, sí, porque son de su propiedad. En Afganistán por ejemplo. Ellos mandan y ellas obedecen, no tienen derecho a voto, ni a réplica siquiera. Su función es casarse con quien se les diga y cuidar del marido, los hijos y la casa. Y cuidadito con tener relaciones sexuales antes del matrimonio, aunque sea con tu novio, porque el castigo es la lapidación hasta la muerte. Así se ataja de raíz el problema, que siempre son las pecaminosas e impuras mujeres y se da ejemplo al resto. 

Esta moda del feminismo se nos tiene que ir pasando. Que empezamos por querer ir a la escuela, votar, tener estudios superiores, trabajar en lo que queramos, luchar por tener los mismos derechos y ser consideradas iguales que los hombres y esto no puede seguir así. Que es un sindios y tenemos a los machos de toda la vida irritados, sin poder dar rienda suelta a su hombría y llamando amariconados, enclenques y traidores a los que no se comportan como dios manda. Como ellos dicen que dios manda.

Si es que nos ponemos pesadísimas, que hasta feminazis nos llaman, y estamos día sí y día también dando la matraca sabiendo como sabemos que calladitas estamos más guapas, que mira que nos lo han dicho veces a lo largo de nuestra vida y no nos entra en la sesera. Total, si hay 36 mujeres -cuatro más que el año pasado en estas misma fechas- en lo que va de año asesinadas por hombres y seis menores y sólo le importa a un 1,4 por ciento de la población según el último barómetro del CIS. Pa qué dar tanto la tabarra si no es considerado como un problema para la mayoría. Si hasta el presidente del Gobierno de Canarias, Fernando Clavijo, aseguró el lunes después del último asesinato de una mujer en Tenerife que estas cosas ocurren “porque más que un fallo del sistema en sí se trata de personas individuales que por muchas circunstancias al final acaban cometiendo este tipo de crímenes. No va a haber ningún protocolo que lo impida porque en la intimidad de los hogares y las familias esas cosas ocurren”. 

Nos empeñamos en nuestra vida diaria, social, laboral, en poner el acento en que el problema es el machismo, en general, la educación, en general, y resulta que Clavijo afirma que ‘estas cosas’, es decir que los hombres asesinen a las mujeres, ocurren porque las personas individuales son así. Por supuesto en cuanto le han afeado la conducta la explicación es que no le hemos entendido bien. Otra vez poniendo el acento en que somos cortitas y unas enfadicas de cuidao. Que no se nos puede decir nada, coño, que estamos a la que salta. Y si en la intimidad de tu casa tu hombre te pega es por algo, por algo individual. Y si el problema persiste pues te acaba matando por la misma razón. 

Gracias al Ayuntamiento de Gijón y al presidente de Canarias por abrirme los ojos, al fin, durante esta semana. No pueden llegar a imaginarse lo mucho que tendré en cuenta sus sabias palabras y bienintencionados consejos en días venideros y la de veces que me voy a acordar de ellos. Son un ejemplo. Un ejemplo de gilipollas, trasnochados, cortos de miras y de falta de inteligencia. Un ejemplo de lo mucho que nos queda por hacer para que cambie la mentalidad machista, y con ella la violencia contra las mujeres, que  tan asentada está en nuestra sociedad. Un ejemplo aberrante. Una vergüenza que parece no tener fin. Una mierda de ejemplo, eso es lo que son. 
Y advierto: si me quieren poner un burka, les hará falta también un bozal, porque no me pienso callar.

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