Salvamento Marítimo de Gijón ha pedido a sus trabajadoras que usen pantalón para evitar comentarios sexistas. La sugerencia viene a cuento de que unos cuantos cavernícolas -tarados mentales que deberían recibir tratamiento psiquiátrico urgentemente- empezaron a hacer circular en redes sociales unas fotos de las socorristas asturianas de espaldas en las que con el uso del bañador reglamentario se les marcaban las nalgas.  

Creo que no es necesario advertir que la medida -taparse- se antoja tan o más machista que las miradas y comentarios lascivos que la han motivado; porque casualmente resulta que siempre somos las mujeres las que andamos provocando al personal y necesitamos ser reprendidas, reprobadas y reprimidas constantemente.

En 1999 una sentencia del Tribunal Supremo italiano dictaminó que el abuso sexual de una mujer que vistiera pantalones vaqueros no era un delito de violación, ya que para quitarse esta prenda se necesita la colaboración de quien la lleva. Aquella absurda sentencia me impactó tanto que no la olvidaré en la vida. Pero algun@s aún hoy consideran que si evidenciamos nuestra anatomía femenina -sí, somos bípedas y tenemos tetas -nos arreglamos, maquillamos, vestimos de corto, calzamos tacón o usamos traje de baño, bikini, tanga o braga brasileña es porque nos estamos insinuando, ofreciendo. Pero no acaba ahí la cosa: si sonreímos, somos amables ("frescas") o bordes ("estrechas") también es con premeditación y alevosía. Si vas sola por la calle a determinadas horas, quizá es que te lo andabas buscando. Más aún si sales de un bar con un par de copas de más.

Y el problema no es de la mujer. El problema es del que mira, no sabe ver y retrasa con su visión del mundo miles de años la civilización. Porque esa mirada sucia y pervertida es la que necesita reeducación para poder vivir en sociedad, no al revés. Jamás hemos sido el sexo débil -basta comparar como reacciona una hembra y un varón ante una verdadera situación de crisis-, pero la sociedad patriarcal intenta debilitarnos a cada paso. Incluso cuando una se hace socorrista. No para convertirse en Pamela Anderson; tan sólo para salvarte el culo, idiota.

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