-Noruega expulsa a refugiados por el Ártico a -30º C. 

-Médicos sin Fronteras califica de “fracaso catastrófico” la gestión europea de la oleada migratoria. 

-La policía búlgara, acusada de robos y violencia contra los refugiados. 

- Unos 4.000 refugiados se hacinan en un antiguo aeropuerto de Berlín en condiciones casi insalubres. 

-Alemania reconoce que también confisca bienes a los refugiados para cubrir los gastos sociales. 

-Los naufragios mortales y el frío no detienen el flujo de refugiados; al menos 43 migrantes, 17 de ellos menores, mueren ahogados en dos naufragios en Grecia.  

-Una niña y una mujer mueren de frío en Lesbos.

Uno detrás de otro. Estos son los titulares en la última semana. ¿No los han leído? Será porque no quieren. ¿Han bajado la vista en alguna ocasión cuando los ven llorando, aterrorizados, al llegar a Grecia? ¿Han preferido no mirar las imágenes de niños muertos varados en la orilla? ¿Han pasado la página del periódico para no ver la fotografía de los refugiados cubriéndose con bolsas de basura atravesando campos cubiertos de nieve? ¿Han dejado de leer algún artículo tras el primer párrafo porque lo que cuenta es tan terrible que les resulta insoportable? ¿No abren los enlaces en el Twitter que alertan de más ahogados? 

Ayer se celebró el Día de los periodistas. Y sí, está fatal la profesión, que no el oficio. La precariedad laboral, la falta de independencia, la injerencia de los poderes económicos y políticos, el servilismo de unos, su falta de ética, el ego desmedido de otros. Que sí, que sí. Existe todo eso, pero ante la ausencia de respuesta de los gobiernos europeos en la crisis de los refugiados son los periodistas los que no dejan de hacer lo que saben hacer: mostrar lo que está pasando. Frente a la indignante parálisis de la Unión Europea, son los fotógrafos, cámaras y redactores los que ponen el foco en la monumental vergüenza. Hay desastres humanitarios de los que no nos enteraríamos si no fuera por ellos.  

Ante la crisis, no solo económica sino también de credibilidad, de los grandes medios, los hay que se embarcan en proyectos que se financian con suscriptores y que sobreviven a duras penas informando de aquello que dicen que a nadie le importa.

Javier Espinosa, Marc Marginedas y Ricardo García Vilanova. Los tres estuvieron secuestrados en Siria más de seis meses. Espinosa y Marginedas relataron tras su liberación ensus respectivos medios, El Mundo y El Periódico de Catalunya, el terrible cautiverio, con sus torturas y vejaciones diarias. Fueron allí porque alguien tenía que contarlo. Hay periodistas que lo siguen haciendo y otros desgraciadamente que no pueden porque llevan tiempo retenidos. 

Retiramos la vista, dejamos de leer, no queremos mirar, saltamos el tuit a toda prisa, cambiamos de canal, escuchamos otra emisora. No queremos saber, pero hay quien se empeña en seguir enseñándolo. Un respeto. No son ellos, somos nosotros. Alguien lo está contando. ¿No lo ven?

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