Propongo un Supervivientes con todos los candidatos a las elecciones. No hace falta que se despeloten mucho, por favor, mantengamos unos mínimos de decoro. Pero sí todos ahí perdidos en una isla peleándose por un pescao, un coco, comprobar quién resiste mejor a las picaduras de los mosquitos y quién es capaz de montarse una choza con dos ramas y una goma de pelo. Y por favor, que les tiren desde el helicóptero. Si no, ¡ah! no vale.

También me apañaría con un Masterchef. A ver quién prepara con más imaginación un plato con un par de gambas, una patata y un pimiento rojo, pero, sobre todo, que les echen mucho luego la bronca, que España entera está deseosa de mirar cómo les tiembla la barbilla o si son capaces de aguantar la humillación estoicamente. ¿Quién tiene carácter y quién no? Sería la prueba definitiva. 

Claro, que tampoco estaría mal verles en La Voz y medir así sus tonalidades, la sensibilidad, el arte, el alma, si sus familias lloran mucho o poco (si les quieren, vamos). ¿A quién elegiría Alejandro Sanz?  ¿Y Laura Pausini? Ay madre. Qué nervios, no me digan que no. Sería taaan emocionante. ¿Y cómo irían vestidos?

¿Qué? ¿Que les parece frívolo? Eso es que no están muy puestos de cómo está yendo la campaña hasta el momento. Ojo, que tampoco les afeo la conducta si no están pendientes de los políticos, que llevo tres días recibiendo en el móvil tuits patrocinados por Xavier Trías prometiendo casi que los perros se atarán con longanizas y estoy por bloquearle, de verdad. Por plasta.

Ya total... No sé, pero después de ver a Esperanza Aguirre vestida de chulapa en El Hormiguero cantando un chotis en inglés o del vídeo de Ada Colau rumbera, rún-rún y ‘ay jujujú’, qué risa todo, tampoco me parece tan descabellado ir un paso más allá y que las elecciones sean, verdaderamente, un ‘talent show’ o un ‘reality’. Si eso es lo que les pide el cuerpo o les dicen sus directores de campaña, pues adelante, sin complejos. Nada de medias tintas. No me sean acelgas.

Yo no sé la manía que les ha entrado a todos por parecer simpatiquísimos en lugar de ser honestos, preparados y capaces. No entiendo la perversión de tratarnos como a críos de guardería, a ver quién nos entretiene más. No necesito un cuentacuentos. Y los ‘Cantajuego’ me enervan tantísimo que termino con pensamientos terribles, lo confieso. De los de madremía que me asusto a mí misma.

Vergüenza ajena. Y después de decirme que he vivido por encima de mis posiblidades no tolero, ni de coña, que me acusen de no tener sentido del humor. Es solo que ellos y ellas no me hacen ni puñetera gracia. Salvo, claro está, que les tiren del helicóptero.

 

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