Los límites

Durante los días más duros de la pandemia, cuando cada mañana se actualizaban los datos y daban miedo, cuando las medidas de confinamiento eran estrictas, escuchaba los deseos de los demás y los propios como una declaración de amor a la vida y a las ganas de vivir. Uno de los más repetidos era el de andar, caminar sin rumbo fijo y sin restricciones, pasear hasta cansarse. Los que convivimos con un perro sólo podíamos alejarnos un kilómetro de nuestro domicilio, así que me impuse unas fronteras y no cruzaba la calle Urgell, ni Gran Vía ni Plaza España. Esos eran mis límites.

Ahora que ya he visto el mar, que ya he caminado por la Catedral y Las Ramblas, que ya me he sentado a tomar una caña en la Plaza Reial y me he dado cuenta de la libertad de andar sin restricciones, sin cotos, sin reloj, he pensado más que nunca en las mujeres que han tenido que convivir con su maltratador, con su agresor durante este tiempo y en cómo el desconfinamiento supone para ellas un alivio y una amenaza al mismo tiempo. El control al que han estado sometidas se ha relajado en parte y por eso mismo corren ahora más peligro que antes. “Se están produciendo menos homicidios porque la violencia no se desarrolla cuando tienes controlada a tu mujer y tus hijos 24 horas al día. Pero en cuanto empiecen a salir, la percepción de pérdida de control puede llegar a ser desproporcionada y podría haber un repunte de violencia”, alertó la delegada del Gobierno contra la Violencia de Género, Victoria Rosell.

Existen estadísticas desde hace años que atestiguan que los machistas asesinan más cuando ellas inician los trámites de separación o divorcio, cuando deciden escaparse de sus agresores. Durante el mes de abril el teléfono 016 de atención a las víctimas de violencia machista recibió 8.632 llamadas, 3.236 más que en abril del año anterior, un 60% más en total. Las consultas online subieron un 586%. El pasado sábado una mujer de 46 años y sus dos hijos de 12 y 17 fueron asesinados por cuchilladas en Úbeda (Jaén). El marido se suicidó después y el presidente andaluz, Juan Manuel Moreno, escribió en su cuenta de twitter: “Mi enérgica condena y rechazo al horrible suceso que ha ocurrido esta mañana en Úbeda. La sinrazón nos hiela el alma. Un abrazo de consuelo de toda la sociedad andaluza a los seres queridos que tanto han perdido en este crimen familiar”. Crimen familiar, tal cual.

Negar que existe una violencia machista, estructural, contra las mujeres y disfrazarlo de violencia doméstica, de crimen familiar, es una nueva estrategia ante la que debemos estar alerta, señalar, condenar y no dejar pasar ni una. Es la estrategia de la ultraderecha. Y una cosa es no compartir en las redes sociales la basura para no amplificarla y otra muy diferente no percatarnos de que VOX es el tercer partido más votado en España y que los pactos para gobernar les han colocado en puestos clave y que sus socios, como el señor Juan Manuel Moreno, son capaces de llamar crimen familiar al asesinato de una mujer y sus dos hijos con tal de no salirse del temario.

Ahora que ya nos da el aire a ver si abrimos de una vez puertas y ventanas y que pase la corriente por todas esas mentes cerradas y obtusas que niegan las evidencias y se atrincheran en conceptos peligrosos que perpetúan la violencia machista. Hay quien ha sobrevivido aterrada durante estos meses siendo lo más sumisa posible para no despertar a la bestia. Pero la bestia sigue ahí al acecho y autoridades y expertos nos están avisando de que ahora el peligro se multiplica. El lenguaje importa, el lenguaje crea pensamiento. Hay unos límites que hay que cumplir a rajatabla. Porque nos queremos y queremos seguir vivas.

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