Las emergencias

Hoy se termina el mes de enero y en todos los medios de comunicación destaca en la portada el coronavirus. No hay ningún caso todavía en España y aunque las precauciones sean razonables y estén justificadas, la alarma es global y más cuando la Organización Mundial de la Salud ha declarado la emergencia internacional. Esta semana, en Sant Joan Despí, un hombre mató a su pareja y fue detenido en el aeropuerto cuando pretendía escapar. En este mes siete mujeres han sido asesinadas por sus parejas o ex parejas y no he visto, leído ni escuchado extrañeza, preocupación ni alarma. Con naturalidad y normalidad pasmosa se cuenta al final de los boletines informativos o aparece semi escondido en las páginas de los periódicos y las webs. Siete mujeres asesinadas, una niña y tres menores huérfanos en 31 días. Y circulen, que aquí no pasa nada.

Esta horrible cotidianidad con la que aceptamos la violencia machista en la más grave de sus expresiones, la que acaba con la vida de una mujer, contribuye a perpetuarla. Si no le damos importancia, visibilidad, es que aceptamos que no la tiene y que las medidas para erradicarla, prevenirla y amparar a las víctimas no urgen. Ninguna de las siete mujeres que han sido asesinadas este mes habían denunciado, lo que indica -entre otras cosas- el miedo con el que vivían y la poca fe que tienen en las instituciones. Se sienten solas porque el mensaje que estamos enviando es que lo están.

En 2019, 60.755 mujeres y niños estuvieron bajo protección por violencia de género y de ese total, 406 estaban reconocidos como casos de alto riesgo, según las cifras del Sistema de Seguimiento Integral en los casos de Violencia de Género (VioGen) aportados por el Ministerio de Igualdad, con fecha de 30 de noviembre. Mujeres y niños que están siendo cazados. Datos que también digerimos como si se tratara de la información meteorológica, igual que aceptamos que desde el 2003, año en el que comenzaron a contabilizarse las víctimas de los asesinatos machistas, ya son 1.040 mujeres las que han sido asesinadas por sus parejas o exparejas.

Ninguna de las cifras parece alertarnos e incluso con la aparición de VOX se cuestionan las políticas sociales, los centros de atención y hasta la misma violencia en sí. Ya no sólo no importa, sino que no existe. No hay ninguna emergencia. Somos globalmente miserables.

 

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