El maldito pijama de rayas

El pasado 27 de enero se conmemoró el 75 aniversario de su liberación por parte de los soviéticos. Y en cada imagen de aquella infamia contra la humanidad, el maldito uniforme, el pijama de rayas. 

"En arribar a Ravensbrück, el primer que em van fer va ser rapar-me i treure'm la roba. Despersonalitzar-nos del tot, era això el que buscaven. No et plantejes si estàs més guapa o més lletja, és que et treuen tota la personalitat. I d'aquells cabells i d'estopa feien la roba per a les preses. Sense la roba i els cabells, jo ja només era un número: el 27.534". Cuando toca tratar el peligro de la uniformidad estética (imponer una sola idea) y la banalización del vestido (despersonalización), en mis clases sobre semiótica que imparto en la universidad siempre acabo proyectando este fragmento de la entrevista que Albert Om le hizo a Neus Català. En la presentación, el vídeo está conscientemente enlazado a la fotografía de Instagram de un niñato posando con un bolso Louis Vuitton y un cinturón de Gucci en Auschwitz acompañada de hashtags como #fashion #influencer #instafamous #instastyle.  Me tranquiliza que, año tras año, a los alumnos se les empañen los ojos escuchando el relato de Català, significa que empatizan y entienden el mensaje. De hecho, después de la visualización nos tomamos un descanso. Yo soy incapaz de seguir hablando y entiendo que ellos de continuar escuchando. Porque queda todo dicho y ya sólo hay silencio.  

A partir de 1937, la vestimenta para los prisioneros del régimen nazi consistente en un pijama de rayas azules y grises y unos zuecos de madera se convirtieron en la norma en los campos de exterminio y concentración. Cada uno de estos pijamas de rayas estaba marcado con un número de registro que, en lo sucesivo, sustituía al nombre de las personas, y un distintivo que indicaba la categoría de recluso. El distintivo más común en Auschwitz era el triángulo amarillo, correspondiente a aquellos que eran judíos, pero también estaba el rojo (preso político); el negro (prostitutas, lesbianas, solteras, con capacidades especiales...), el rosa (gays)... 

Estos toscos uniformes se confeccionaban a partir de una tela fabricada en el campo de concentración femenino de Neus Català. Dada la alta "mortalidad" en Auschwitz, era normal que los recién llegados heredaran los viejos uniformes y calzado pertenecientes a aquellas personas que eran asesinadas. Aún así, cuando no había suficientes uniformes para la cantidad de prisioneros, se empleaban prendas de paisano marcadas con pintura y los distintivos antes descritos.

Con todo, cuando en 1995, 50 años después de liberar Auschwitz, Comme des Garçons se inspiró en el pijama de rayas para lanzar su colección, la polémica fue tal que Rei Kawakubo tuvo que retirar todas las prendas del mercado y apenas quedó ningún registro visual de aquel desfile. De nada sirvieron ninguna de sus explicaciones. Quien sepa la trayectoria artística de la diseñadora nipona sabrá que en ningún caso su trabajo trataba de homenajear a los nazis, pero así como la denuncia o recreación en el cine u obra de teatro la toleramos; en el mundo de la moda se teme y cuestiona su utilidad. De hecho, en 2014 Zara pidió disculpas por una camiseta de bebé que, aunque era de rayas horizontales, llevaba una estrella de seis puntas en el pecho, muy parecida a la estrella de David. La firma de Amancio Ortega aclaró que estaba inspirada en las estrellas de los "sheriffs" de las películas del oeste. Y hace un par de meses, erró Loewe al presentar una camisa y un pantalón a rayas verticales de color negro y blanco con un precio de más de 1.600 euros. "Se nos hizo notar que uno de nuestros looks presentados en una revista y parte de nuestro ceramista de Artes y Oficios William De Morgan podría interpretarse erróneamente como uno de los momentos más odiosos de la historia de la humanidad. Nunca fue nuestra intención en absoluto y nos disculpamos con cualquiera que pueda sentir que somos insensibles a los recuerdos sagrados. Los productos presentados se han eliminado de nuestra oferta comercial". Lo raro es que nadie apreciara, percatara o sensibilizara antes de lanzar el diseño. Que no se nos olvide nunca lo que significó el maldito pijama de rayas. 

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