Aleluya, Su Santidad es humano

La mujer aguarda en primera fila su turno. Lo hace con las manos en posición de súplica. En el saludo, el Papa da preferencia a los niños (Dios mío, no sé cómo escribir esto para que no suene mal...). Los mayores simplemente lo admiran y como mucho se conforman con rozarlo mientras Francisco sostiene la mano de algún crío. De hecho, hay una monja que también lo toma por la manga. Mientras, la mujer en cuestión se entretiene santiguándose. Pero cuando ve que el Papa se da la vuelta y no sigue estrechando la mano de nadie más, la mujer pierde la fe y los papeles. No le basta con tocarlo sino que tira del brazo de un anciano de 83 años con las dos manos para que Bergoglio le preste atención y se detenga ante ella. El Papa intenta liberarse pero no puede, ella se lo impide. Uno de los seguratas intercede aunque de un modo muy sutil que no consigue detener el frenesí de la señora. Algunos de las personas presentes, al percatarse de la situación también toman a la mujer para que suelte a Francisco. El Santo Padre finalmente le pega en la mano y logra recuperar su extremidad. Eso sí, está cabreado. Muy cabreado...

"Si alguien insulta a mi madre puede esperarse un puñetazo", reflexionó Jorge Bergoglio sobre los límites de la libertad de expresión y los atentados de Charlie Hebdo. Esa declaración que generó obviamente gran impacto y controversia, regresó a mi memoria al visualizar el vídeo viral del manotazo del Papa a una feligresa la noche de fin de año. Porque reconozco que comprendo y hasta comparto la reacción ("no se pega; pero si te pegan, pegas", nos advirtió mi padre a mis hermanos y a mí el primer día de escuela), pero se supone que mantener la serenidad y la calma es lo que debe hacer todo líder, más aún si se trata de un referente espiritual.

¿Puede el representante de Dios en la Tierra actuar de ese modo? ¿Si predica lo de poner la otra mejilla, no debería dar ejemplo? ¿Puedes ser bueno y tener carácter? ¿Si se tratara de Trump y no de Francisco, no lo habría ya sentenciado sin plantearme todas estas cuestiones? Analizo una y otra vez el vídeo y lo comento con creyentes practicantes, creyentes de postín y ateos. Ayer por la mañana, una amiga me insistía en que obviase el golpe en la mano y me centrara en la cara que puso el Papa porque, según su lectura, "era de puro odio nazi" (¿videlista?). En verdad, esa mismita expresión facial ya la habíamos visto cuando el santo padre recibió a François Hollande después de publicarse su affair con una actriz; respondió a la ofrenda (¿ofensa?) de Evo Morales consistente en un crucifijo con forma de hoz y martillo; o posó con Donald Trump en el Vaticano. Es decir, era la cara de cabreo de Bergoglio (ojos abiertos, mirada profunda y mandíbula desencajada). Es más, apuesto que es el mismo gesto que adopta cuando pierde su equipo de fútbol...

Otra de mis allegadas (atea de vena) se mostró algo más indulgente con la reacción de Francisco. De hecho, me la comparó con la de Gigi Hadid cuando la modelo le arreó a un capullo que la cogió en brazos por detrás y la levantó. "Invasión del espacio íntimo, tía. Defensa propia. (Ahora bien, también ha añadido, pero "que le den que es el Papa y, según me comentó un colega antropólogo, no es tan simpático como parece, es todo una campaña de marketing"). Telefoneo a otro amigo ateo y comunista, éste estudió con los jesuitas. Y aunque en un inicio declina mi propuesta como tema de conversación de Año Nuevo ("la iglesia es una mierda y a mí como si explotan todos"), lo provoco leyéndole tuits de fachas supuestamente católicos (aunque poco cristianos) que aseguran que ese gesto jamás se hubiera dado en Juan Pablo II o Benedicto XVI y recuerdan que, incluso, el polaco perdonó al hombre que atentó contra él. "Panda de pederastas y corruptos de mierda. No, si encima van a quedar este par de santos... Puta secta, siempre igual. Cuando llega uno que empieza a hacer limpieza se lo cargan (en referencia a Juan Pablo I). Lo raro es que a este no lo hayan envenenado todavía". Intento reconducir la situación al análisis del lenguaje corporal, al manotazo. "Esa mujer es una maleducada", concluye.

El hecho de que el miserable de Salvini haya parodiado el incidente del Papa (el italiano emula la escena y, al final, en vez de pegarle un bofetón a una mujer, la acaricia) ha decantado mi balanza. Porque a veces uno sabe de qué lado estar, simplemente viendo quienes están del otro lado. Y guste o no, Francisco no es convencional. No lo es porque parece y es humano. Quizá no sea para festejar tal vulgaridad, pero en comparación con sus antecesores y lo que se prodiga en las altas élites eclesiásticas, a mí se me escapa un "aleluya". Creyentes y no creyentes acaban de descubrir que Francisco es mundano. Rezo porque ese mal pronto que tiene el argentino lo emplee con todos los pecadores que campan por "la santa Iglesia". Porque esos sí que merecerían no sólo un buen manotazo, sino un buen mazazo que les impusiera, por fin, una justa y dura condena.

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