Helena

Se llamaba Helena Veslos, tenía 44 años y vivía en Alicante. Este martes su expareja subió por una escalera, trepó por el balcón, se introdujo en su casa y la degolló en presencia de su hija de 11 años. Fueron los gritos de la menor los que alertaron a los vecinos que llamaron a la policía. “Nos quiere matar, nos quiere matar”, decía. El domingo otras dos mujeres, una en Vic y otra en Granada, fueron asesinadas por sus parejas. Helena es la víctima número 49 de la violencia machista. Una más ya que en todo el 2018 y estamos en octubre.

El asesino de Helena Veslos estaba condenado por violencia de género. Ella le había denunciado. Se le impuso una pena de 28 días de trabajos en beneficios de la comunidad así como un año de privación del derecho a la tenencia y porte de armas y un año y medio de prohibición de aproximarse a menos de 300 metros de la víctima, de su domicilio, lugar de trabajo y cualquier otro que frecuentara y de comunicarse con ella por cualquier medio. El Juzgado de lo Penal 3 de Benidorm declaró probado que había agredido en dos ocasiones a su entonces compañera sentimental y a la hija menor. Y aún así, estaba considerado como de ‘riesgo medio’. El sistema, una vez más, ha fallado. 

Desde hace dos años cada 8 de marzo llenamos las calles para denunciar el machismo y son muchos los que siguen considerándonos como mínimo unas exageradas cuando no unas alarmistas desquiciadas. A las próximas elecciones se presentará un partido, VOX, que incluso niega la violencia machista y al que las encuestas auguran una subida debido a la llamada ‘crisis en Catalunya’. Que las 49 mujeres asesinadas no hayan hecho saltar todas las alarmas y copado titulares en los medios de comunicación da medida de lo normalizado que tenemos en nuestra sociedad el goteo intolerable de víctimas. Y esa es una de las claves: la visibilidad. Debemos tomar conciencia de la gravedad del problema y ya vamos tarde, muy tarde. Demasiado tarde para Helena Veslos y su hija. Su verdugo, condenado, compró la escalera y el cuchillo de carnicero el día antes de trepar por su balcón de madrugada. No fue un arrebato, como no lo son la mayoría de asesinatos machistas que están premeditados y las medidas que se están tomando no son suficientes como demuestra la horripilante estadística. Podemos hacer más, debemos hacer más y tenemos que exigir más a quienes nos gobiernan. Porque de aquí a que termine el año, desgraciadamente, Helena no será la última. Y es insoportable.

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