¿Qué ha hecho Madrid para merecer a Díaz Ayuso?

Leí el miércoles en La Vanguardia una entrevista a la actriz Maribel Verdú. Comenzó a trabajar con 14 años, ha filmado más de setenta películas y entre sus premios cuenta con dos Goya a la mejor actriz y el Premio Nacional de Cinematografía. Pues con todo esto afirma: “La veteranía es una mierda que hace que cada vez me sienta más insegura. Antes era mucho más inconsciente y ahora, cada vez que me enfrento a un nuevo proyecto, no te puedes imaginar… Me muero de miedo y es peor cada vez. Eso sí, una vez llego allí, parezco la más segura del mundo y nadie me lo nota”.

En esa inseguridad de Maribel Verdú me veo reflejada como en un espejo. Hay quien afirma que precisamente por eso las personas inseguras nos mantenemos alerta, no damos nada por sentado y seguimos con el ansia por saber y aprender. La inseguridad no es, por lo tanto, negativa de por sí, pero puede llegar a ser un tormento si te paraliza y no te deja avanzar. Si el miedo te puede. Quizás por esto último siempre he sentido cierta envidia por las inconscientes y las ignorantes me inspiran no pocas veces ternura. En cambio, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, no me despierta ninguna simpatía. Es más, me saca de quicio.

Ayer, ante la exhumación de Franco, soltó en la Asamblea Regional: “¿Qué será lo siguiente? ¿La cruz del valle? ¿Todo el valle? ¿Las parroquias del barrio? ¿Arderán como en el 36? Sánchez pretende que sea Franco quien le saque del desastre. A mí me espanta la ley de memoria histórica”. La gilipollez es de tal calibre que hasta en su partido han sentado mal sus palabras. Pero es que no es la primera, ni seguramente será la última vez, que Díaz Ayuso mete la pata.

Es la misma que se hizo un lío sobre los concebidos no nacidos que debían ser considerados como un miembro más de la familia, pero que todavía no había pensado “qué hacer si se produce un problema durante el embarazo y el bebé no llega a nacer”. La misma a la que le parecía una pura maravilla un atasco a las tres de la madrugada en Madrid y por eso estaba orgullosísima de su ciudad. La misma que defendía el empleo basura en los siguientes términos: “Yo prefiero un empleo a que no haya empleo. A mí, cuando empiezan a hablar de empleo basura me parece que es ofensivo para el que está deseando tener ese empleo basura que está dando oportunidades para corregir problemas que tenía”. La misma a la que no le parecía bien que la fiesta del Orgullo Gay se llevara a la Casa de Campo porque “allí hay familias y gente que va a hacer deporte”. La misma que para atacar a Podemos dijo: “Un día os iréis de vacaciones y cuando volváis Podemos habrá dado la casa a sus amigos okupas”. La misma que aseguró que los jóvenes que se marchan al extranjero “no lo hacen por necesidad, sino para compartir la cultura y entrar en otros mercados laborales”. Y aún así, con todo esto dicho DURANTE la campaña, ha llegado a ser presidenta de la Comunidad de Madrid.

Si es una inconsciente alguien debería haberle dado un toque ya para ver si espabila de una puñetera vez, si es una ignorante que aprenda antes de abrir la boca y soltar tontadas cuando no barbaridades, pero más allá de su infinita estulticia hay que preguntarse cómo ha podido estar donde está y quien lo ha permitido. Y esos han sido los que la votaron. A la pregunta de ¿qué ha hecho Madrid para merecer esto? la respuesta no puede ser otra que: votarla.

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