Señores con sus micrófonos

“En Manresa una noche un grupo de siete tíos se aprovecha de una chiquilla de 14 años que se había bebido hasta el Mistol y la viola consecutivamente uno detrás de otro. La Fiscalía, que tiene muchos más datos que nosotros ha considerado que se trata de un abuso y no de una agresión y llama la atención que más allá de las consideraciones jurídicas, sorprende que ayer sólo estuviera en la puerta el tío de esta niña con una pancarta que decía no estás sola y que no hubiera nadie del gremio del Me too”, soltó ayer Carlos Herrera en la Cope. Minutos después el tertuliano Salvador Sostres después de expresar su apoyo a la víctima afirmó: “Comparto contigo que esta indignación en horario de oficina del feminismo oficial me parece extraña”.

Lo escuché ayer mientras iba en un taxi y le pedí al conductor si podía bajar el sonido. Sentí asco y me espabilé de golpe sin necesidad de café. No pude dejar de darle vueltas. ¿Cómo es posible que ante un caso así el acento se ponga en las feministas y no en los acusados? ¿Qué les molesta tanto del feminismo que no cejan en encontrar algo, lo que sea, incluso en el juicio de ‘La Manada de Manresa’, para afearlas? ¿Qué coño les pasa? Porque estos señores ya no perderán sus privilegios de siglos. Ninguna mujer les quitará el puesto, así que no puede ser que se sientan amenazados en su esfera profesional y social. ¿Qué es entonces? ¿Qué les molesta tantísimo del feminismo? No encuentro una respuesta lógica. Quizás ahí esté mi error, en buscarle la lógica.

A estas alturas ya no pretendo convencer a algunos, les doy por perdidos, pero existe, debería existir, la responsabilidad del que trabaja en un medio de comunicación a la hora de informar o tratar la información. El foco no puede estar de ninguna de las maneras en si había feministas o no a las puertas de la Audiencia de Barcelona donde se está enjuiciando a siete individuos por violar a una menor, sino en los encausados y en si la sentencia del Supremo con la Manada de Pamplona ha dictado precedente. Porque según el ministerio público los agresores no tuvieron que recurrir a la violencia o la intimidación para forzarla -que son los requisitos necesarios para que los jóvenes sean condenados por agresión sexual y no por abuso- ya que la joven había consumido alcohol y drogas y no opuso resistencia. “Va, te toca a ti, no tardes”, dijeron. Y la violaron por turnos.

Seguir desviando la atención hacia la conducta de la víctima o la de las feministas es, además de una pérdida de tiempo porque no es en relevante para el caso, una canallada impropia de periodistas con tanta experiencia profesional. Sólo la inquina personal puede explicarlo. Y a eso se le llama machismo. Ni más, ni menos.

 

 

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