Merkel sufre a Pablo Casado

Varios expertos en lenguaje corporal germanos coinciden en que la canciller suele adoptar una inteligente estrategia al enfrentarse a machos alfa en público. Como en la escena política ocurre a menudo, Merkel habría perfeccionado durante su larga trayectoria su proceder ante este tipo de líderes tan invasivos. Su truco consiste en reducir su presencia (jamás se encara) para evidenciar más el comportamiento de su adversario varón y que cualquiera pueda empatizar con ella y reprobar al otro. Lo hizo con Putin cuando le soltó a sus perros (Merkel tiene pánico a los canes) o cuando Trump le negó el saludo en la Casa Blanca.

Quién sabe qué lindeza pudo verbalizar Pablo Casado mientras acompañaba su gracia con un gesto bravucón de machito ibérico (movimientos enérgicos con las manos a la altura del pecho, gesto muy parecido al del resto de primates alfa cuando golpean su pecho y se expanden corporalmente, como tomando un espacio y conquistando más territorio del que le pertoca para darse una importancia y protagonismo que nadie que estuviera seguro de sus capacidades de liderazgo, diplomacia o seducción precisaría) y se le escapaba el ademán de chuloplaya (labio levantado por uno de los extremos mientras sonríe en plan "como me gusto"), para agraviar a Angela Merkel en el primer minuto de su reunión...

Lo cierto es que la incomodidad y asombro que hizo constar la canciller alemana en su rostro ante el comentario del presidente del PP -Merkel aparta la mirada de su interlocutor con gesto de espanto, mientras sus manos se contraen sobre sus documentos (miedo, rechazo)- la confirmaba también la reacción de los dos hombres que comparten escena con Merkel y Casado. Ambos dirigieron su mirada de incredulidad ("no puede haber dicho eso") para ver cómo la mandataria germana digería aquellas palabras. Algo que produjo que el asentimiento con la cabeza de Merkel ante las cámaras (junto a los ojos y boca abiertos en señal de estupor) no se tradujera como una aceptación a Casado, sino como una confirmación ante los medios de su lejanía con aquel personaje que le habían colocado delante.

Tal vez la introducción dialéctica de Pablo Casado para tratar de prevenir a la canciller alemana de los presupuestos de Pedro Sánchez fuera una de sus últimas perlas: "La Hispanidad es la etapa más brillante del hombre junto al imperio romano", "la eutanasia es un problema que no existe", "España será California" o "antes de empezar debemos gritar ´Viva el Rey´". O quizá ese medio metro de uno de los puños de la camisa blanca sobresaliendo por debajo de la americana e incumpliendo el protocolo en el vestir por parte de un puritano, conservador y legalista desvelaba a un impostor (un reprimido con ganas de desmelenarse que como no se lo permite decide ir fastidiando al resto de la humanidad).

Fuera como fuera, nunca me sentí más identificada con la canciller. Ante Pablo Casado, #jesuisMerkel.

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