La primera vez

Recuerdo la primera vez que me enamoré, igual que del primer beso. Recuerdo el primer día y la excitación en cada trabajo que he tenido. La primera vez que recorrí unos metros en bicicleta sin los ruedines. Mi primer viaje en avión. El primer perro que me regalaron. La primera vez que me encontré a cada una de mis amigas. El primer artículo que publiqué. La primera noche en mi primer piso sola. La primera vez que vi nevar en Barcelona. La primera que vi una televisión en color. La primera fotografía de mis sobrinas recién nacidas, la primera vez que nos conocimos.

No recuerdo en cambio la primera vez que me llamaron puta. Ni la primera que sentí vergüenza de mi cuerpo después de que me dijeran un comentario por la calle. Tampoco cuándo fue la primera ocasión en la que me crucé de acera o miré detrás mío caminando por la noche, ni el día que me tocaron el culo por primera vez en un bar.

Tampoco tengo una sensación clara, de caerme del guindo de repente en un momento de lucidez, sobre el hecho de vivir en una sociedad machista. Ha sido un largo proceso en el que aún estoy aprendiendo y reviso experiencias que he tenido desde la nueva perspectiva, preguntándome cómo no me había dado cuenta antes que comportamientos que tenía asimilados como 'normales' no lo eran en absoluto y debía por lo tanto rebelarme contra ellos. Ahí sigo, aquí sigo, desaprendiendo también para no caer otra vez en la misma piedra perpetuando roles machistas.

El próximo jueves 8 de marzo viviré por primera vez una huelga general de mujeres. Y en estos días previos absorbo con pura emoción la hermandad, el clamor, el genuino entusiasmo con el que nos estamos preparando, animando, creando manifiestos y manifestaciones, ayudándonos las unas a las otras, avisándonos. Esta alegría ya no me la quita nadie, la de la sororidad. Para hacer huelga nos sobran los motivos y por primera vez siento a mi alrededor que nos hemos hecho dueñas ya del relato y queremos escribir nuestra historia conquistando nuestro derecho a la igualdad en todos los niveles y poniendo el acento en lo que nos une.

Desde el miércoles me agregaron a un grupo en Telegram de mujeres que trabajamos en medios de comunicación y ha sido muy hermoso ver cómo iba creciendo a cada minuto. El “estoy aquí, ¿qué hay que hacer? ¿en qué puedo ayudar?”. El “contad conmigo” y la alegría contagiosa al comprobar cómo tantas se iban sumando sin un pero siquiera. La consciencia de que no estamos solas, somos muchas y estamos dispuestas a pelear. La ilusión con la que creemos que de esta huelga, de este movimiento, de esta energía en común saldrá algo bueno que nos conducirá a lo que queremos: la igualdad.

De esta primera vez sé que me voy a acordar seguro por muchos años que pasen como del primer amor. Con la misma pasión recién estrenada. Con el mismo júbilo. No, esto ya no me lo quita nadie.

  • Comparteix