Formas

Al Barça le pierden las formas. Toda la fuerza que podía tener el mejor y más solidario de los mensajes, quedó diluída en la puesta en escena. Como si del córner de Anfield se tratara, los futbolistas perdieron de vista demasiado tiempo la realidad que les rodea. En el club, algunas voces aprovecharon para recuperar viejas facturas, aumentando con sus versiones la presión y la sospecha de insolidaridad del camerino. Al final, como no podía ser de otro modo, llegó el acuerdo. Con Messi al frente, los jugadores rebajan su sueldo y aportan la cantidad suficiente para garantizar los salarios de los empleados más necesitados. Gesto enorme. Gran pacto. Pero como si del VAR se tratara, revisar los detalles de la jugada revela una gran cantidad de asteriscos a lo que debía ser celebrado como una buena noticia para la viabilidad del club. Se firmó una tregua, pero la guerra no ha acabado...

A la incertidumbre económica, lógica por los efectos incalculables del coronavirus, el culé añade la preocupación por la relación entre la directiva y el vestuario. Ni tan siquiera el contexto de la pandemia y la coartada de la solidaridad han servido para limar asperezas. Messi, como primer capitán, evidenció en el comunicado del camerino la brecha existente. Preocupa que ya no sorprende. En lo que llevamos de año, uno no sabe calcular si el 10 ha dado más palos con el pie o con la palabra. Y no son pocas las ocasiones en que le asiste la razón. Dicen en el club que el argentino nunca apunta al presidente. Puede ser. Pero deberían observar que Messi empezó apuntando a un peón, luego desbocó algún caballo, derrocó alguna torre y quien sabe si ya tiene en su punto de mira algún alfil. Y en esto del ajedrez todos sabemos cuál es el objetivo final. Mal asunto para el teórico rey Bartomeu tener al mejor jugador de la historia cabreado a un año de convocar elecciones. Y mal asunto para el culé saber que jugadores y directiva siguen a la greña.

El fútbol ya no será igual tras el coronavirus. Cambiará el mercado. Cambiarán los sueldos. Quién sabe si pinchará la burbuja. Pero algo parece que será capaz de superar indemne la pandemia. Y es la aparentemente irreconciliable convivencia entre vestuario y directiva. El acuerdo por la rebaja salarial merecía ser un capítulo aparte. No pudo ser. Vienen tiempos de zozobra, y no parece que en el caso del Barça la unión pueda hacer la fuerza. Va el vestuario por un lado. Transita la directiva por otro. A un año de las elecciones, el divorcio tendrá consecuencias. Veremos si también las tiene a nivel deportivo. Lo que ya sabemos es que las divergencias han estropeado el que debía ser uno de los mejores mensajes que el club podía lanzar en tiempos de coronavirus. Una vez más, y ya son demasiadas, al Barça le han perdido las formas.

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