Dejadez   

“Bastante mierda nos tiran desde fuera como para que también nos la lancemos desde dentro”. La frase de Jordi Alba quería retratar la ofensa que en el vestuario generaron las palabras de Abidal. Pero servirían perfectamente también para ilustrar lo que es, competitivamente hablando, el Barça actual. Obviando la más grosera de las palabras utilizadas por Alba, alguien podría afirmar, viendo los pocos efectivos con los que el club ha dejado a Setién, que bastantes problemas generan fuera los rivales como para que también se provoquen otros desde dentro. Ni Madrid, ni Liverpool, ni Atlético, ni Athletic, ni Nápoles. Esta temporada, el obstáculo más fuerte al que se ha enfrentado y se enfrentará el Barça ha sido a sí mismo. Nadie ha generado tantos quebraderos de cabeza como el propio club.

La irresponsabilidad en la gestión del primer equipo, saldada por ahora sin consecuencias en ningún cargo, ha comprometido y mucho la temporada.

Plantearse si este Barça puede ganar la Liga o la Champions se convierte en un ejercicio surrealista. Con el proyecto por los suelos, con la plantilla bajo mínimos, las esperanzas no pueden ir más allá del próximo partido. La directiva y la dirección deportiva han convertido el trayecto en una moneda al aire. Puede salir cara como en Sevilla. Puede salir cruz como en Bilbao. Toda una faena para Setién, que ha cumplido su sueño en el peor momento. Bastante trabajo está haciendo el cántabro, que ha convertido sus primeros partidos en una pretemporada acelerada. Y sí, el equipo apunta mejoras, se ha reconciliado con el balón, se están recuperando identidades perdidas… pero cualquier conclusión, por positiva que sea, lleva un asterisco innegociable: todo pende de un hilo.

El proyecto vive en el alambre. Es consecuencia de la dejadez. Mestre aireó lo que era un secreto a voces. No había ni hay dinero para fichar. Y si lo hubiera, cuidado con qué traes no vayas a incomodar a los intocables. El cartel de no molestar, colgado del pomo de la puerta del vestuario, ha alejado a cualquiera que quisiera meter mano en el camerino. Hoy se pagan las consecuencias. Ausentes algunos tótems, el equipo ha quedado en pañales. Se necesita un delantero, del mismo modo que se precisa un central. Anda el Barça renqueante en las áreas, y con la convicción que llegue quien llegue, no pasará de parche.

Descontadas la Supercopa y la Copa, le quedan al equipo los dos grandes torneos. En ambos depende de sí mismo para ser campeón. Pero la realidad deja poco lugar para el optimismo. La mala gestión deportiva deja al club esclavo del día a día. ¿Reeditar la Liga? ¿Reconquistar la Champions? Las respuestas son hoy poco alentadoras. Obviemos, pues, ciertas preguntas. Lo mejor es no distraerse con el final del camino. Lo mejor es centrarse en lo que hoy se pisa. Es el precio a pagar por cómo el club ha dejado al equipo. Cualquier piedra, por pequeña que sea, puede acabar con el Barça por los suelos.

  • Comparteix