Deriva

De tanto ser acariciado, al gato de Valverde no le debe quedar pelo. Más tranquilo, ya fuera del club, el ex entrenador culé ha comprobado, como todos, que él podía ser una parte del problema, pero que nunca mereció ser tratado como el único origen del despelote. Los defectos del Barça van más allá del inquilino del banquillo. Es algo estructural. Pensábamos que una derrota dolorosa o una nueva eliminación europea sería lo que abriría la caja de pandora. No ha hecho falta. En un club con alta capacidad autodestructiva, el trueno se ha provocado desde dentro. Justo en la semana en que te juegas la Copa y no puedes fallar en Liga, justo cuando queda poco calendario para afrontar la Champions, Abidal ha abierto la ventana. Y el hedor lo ha contaminado todo. El vestuario queda más señalado. El secretario técnico aparentemente sentenciado. El 10 encabronado. Y el presidente…

De Bartomeu se debería esperar un golpe de autoridad. Pero lleva demasiado tiempo sin alardear de ella. La ascendencia de Messi es tal, que ahora que el Barça es el Titanic muchos prefieren que conduzca el argentino para evitar los icebergs. Como ha venido sucediendo los últimos tiempos, solamente su pie izquierdo parece capaz de enderezar el rumbo. Los volantazos de Bartomeu le han hecho perder credibilidad ante la masa social. Ahora, ante la enésima crisis, el presidente se ve abocado a algo que detesta. Decidir. ¿Mantiene a Abidal desafiando a Messi? ¿O cede ante el enfado del diez y aumenta con el francés su colección de secretarios técnicos decapitados? La balanza parece clara. Messi ha escrito los párrafos más hermosos de la historia del club. Abidal, como director deportivo, no pasa de nota a pie de página. Pero defenestrar al francés deja a Bartomeu sin paraguas a año y medio de llamar a votar. Decidir. Eso le tocaría al presidente, que acaba contemplando y eligiendo otra opción, la de dejar que todo se enfríe y confiar que la pelotita entre para desviar la atención.

Mientras vestuario, dirección deportiva y junta airean sus miserias, Setién trata de mantenerse firme y convencido. Su rueda de prensa previa al partido de Copa es aire fresco entre tanto mal olor. El nuevo técnico, tan hombre de club como su predecesor, gana a Valverde en su capacidad por conectar desde la sala de prensa con el aficionado. Antes de viajar a Bilbao, y mientras todo se derrumba a su alrededor, Setién mantiene su pasión, sigue viendo agua donde parece que solamente hay arena. Encomiable y saludable su ejercicio de optimismo, tratando de contagiar a todos su ilusión de recién llegado. Hoy, en San Mamés, vivirá su particular prueba de fuego para comprobar hasta qué punto su discurso cala en el vestuario. Si encuentra agua, amainará este incendio... aunque todos damos por hecho que será simplemente hasta que llegue el próximo. La partida extra en extintores obliga a reflexión. Y es que más allá del caso Abidal, la deriva del club es tal que a Bartomeu le corresponde ya pensar y decidir, de nuevo decidir, si merece la pena agotar su mandato.

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