Pim, pam, pum

El Barça y su entorno ya son un polvorín. Nadie parece a salvo. Unos apuntan al nuevo entrenador, al que no conceden ni el beneficio de la duda. Otros, tras la salida de Valverde, ya se atreven con los futbolistas. La dirección deportiva se lleva también su dosis de palos. Y el palco no se libra de la quema, que cuando el barco zozobra es obligatorio preguntar al capitán. El apresurado cambio en el banquillo, la derrota en Mestalla y el surrealista mercado de invierno han desatado las hostilidades. No convence el técnico, se duda del vestuario, no se confía en los que fichan y se descuentan los meses que le quedan al presidente. El equipo vive en las tres competiciones, pero cunde hoy la sensación que la temporada se va al garete.

Pim, pam, pum. No hay estamento que pueda erigirse en tabla de salvación. El relevo en el banquillo, lejos de impulsar al equipo, lo ha puesto en pausa. Setién ya ha descubierto que la realidad del Barça no es la que había imaginado. Que le cueste trasladar su ideario cruyffista a los jugadores que en su día lo sublimaron evidencia el mucho polvo acumulado sobre el plan ideal. Setién merece tiempo, pero el calendario se lo niega. Los futbolistas no salen de rositas, están en el foco. Cuesta comprender y perdonar su desidia en ciertos partidos. Quedan expuestos los que están fuera de forma. Se exige ya un paso al frente a los recién llegados. Con opciones en los tres campeonatos, la sensación es que se avecina el desplome.

Pim, pam, pum. En tiempos de dudas, se requiere una dirección convincente, pero el club ha perdido las formas. Duele cómo se echó a Valverde, y no genera mucho entusiasmo el abrazo por conveniencia a Setién, tras tantear otras opciones. Lo del mercado de invierno ya es de traca. Las joyas de La Masía ya no se pulen, se venden. Justo cuando más necesitas un delantero, prescindes de atacantes. Quieres fichar, pero no tienes dinero. Se lesiona Luis Suárez, pero buscas un perfil que poco tiene que ver con él. La desplanificación deportiva se manifiesta con crudeza en este mercado. Hay algún margen para fichar, pero la sensación es que ningún refuerzo tapará un problema que es estructural.

Vías de agua en el vestuario, grietas en el discurso del staff, apagones en la dirección deportiva… cuando los problemas afectan a tantas áreas, acudes al presidente de la comunidad. En tiempos de dudas, se necesitan certezas. Pero éstas nunca fueron el fuerte de Bartomeu, amo y señor de los volantazos. A año y medio de las elecciones, la junta parece fiarlo todo a las cartas. El surrealista cambio de entrenador, el miedo a meter mano en el camerino, el mercadeo con la Masía, el no acertar con los fichajes… Las decisiones no siguen ningún patrón. Lo fía Bartomeu a que los astros se alineen como el año de Berlín. Si se da, parecerá más un golpe de suerte que un éxito que responda a una buena gestión. A finales de enero, se espera más de los futbolistas, se le niega tiempo a Setién, se desconfía de la dirección deportiva y poco se espera del presidente. Hay tiempo para corregirse, pero pocas ideas de cómo hacerlo. El pesimismo va calando en el Camp Nou. El Barça es hoy un pim, pam, pum.

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