Vuelvan a jugar

La dejadez empezó en Anfield. Lo de hoy es consecuencia de aquello. Los cuatro de Liverpool anunciaban tambores de revolución. Quedaron en nada. O en poco. Dos caras ilustran el antes y el después. Una, Coutinho, ya en Alemania. La otra, Rakitic, condenado al menosprecio a la espera de darle salida en invierno. El brasileño y el croata son las únicas consecuencias del drama europeo. Los demás salieron de rositas. Las jerarquías siguen intactas. Los pesos pesados no adelgazaron. Se indultó al técnico. Nadie agitó al enfermo. Y las constantes vitales se resintieron. Lejos de reactivarse el grupo, triunfó la dejadez. La de los que debían tomar decisiones y no lo hicieron. La de los que debían generar competencia y no lo lograron. La del que debía renovar el once y el juego y está siendo incapaz de recuperarlos. La de los que debían dar un paso al frente en el césped, pero se han rendido a la indolencia. Nada en este Barça hace presagiar tiempos mejores. El club dio visto bueno a la pasada temporada. Mensaje equívoco. No pasa nada si te pintan la cara en Europa, parece que aceptaron. 

A principios de noviembre, nada tiene que ser definitivo. Asumiendo que se va cerrando un ciclo, todavía queda camino por recorrer. Pero urgen medidas de choque. Las importantes atañen a los jugadores. Dejen de mirar el teletexto, nos traslada a la decadencia de Ronaldinho. Escuchen a Ter Stegen, que falta autocrítica. Permitan que piloten los jóvenes. Déjense contagiar por las ganas de jugar de De Jong, permitan que cuaje la ilusión de Ansu Fati, tomen como ejemplo la profesionalidad y seriedad de Lenglet. Ah, y olviden la obsesión irracional que sienten por Neymar. Deben darle una oportunidad a Griezmann. Acójanlo de verdad, darle al fin la bienvenida. Permitir que triunfe no implica, a diferencia de con otros, tocarse el sueldo. Aparquen los intereses personales, activen los colectivos.

Obviamente, hay deberes para el entrenador. Debe notarse más su mano. Para empezar, en la exigencia. Si el equipo no está trabajado, su cuota de responsabilidad tendrá. Es complicado, pero no ceda a las jerarquías. Intocables hay uno. Dos si contamos al portero. Para el resto, aplique la meritocracia y el beneficio colectivo. Toca decidir ya a qué se quiere jugar. Y currarlo. Y mantenerlo. No dejarse intimidar tanto por las virtudes del rival, busquemos potenciar las propias. Si hacen falta noches de insomnio para encontrar la fórmula de acoplar a Griezmann, bienvenidas sean. Son muchos los que piden la cabeza de Valverde. No creo que con eso se arreglaran los problemas de un Barça afectado en lo estructural. Pero sí debe exigirse un paso al frente. Haga de entrenador. Con todas las consecuencias. 

Anfield obligaba a mirarse al espejo. A preguntarse cómo querías transitar por el tramo final de los mejores años de tu vida. El club optó por no decirse la verdad. Se conformó con la respuesta menos complicada. No hubo revolución. Apenas un par de cambios. Liverpool debía ser un punto y final. Meses después, se demuestra que quedó en punto y seguido. El Barça sigue instalado en el mismo párrafo. Con un asterisco. La obsesión por una Champions cada vez más lejana se ha llevado por delante la fiabilidad con la que se competía en la Liga, donde sigues siendo superior, pero alguien debería recordarte que no se gana por el escudo. Es 7 de noviembre. Hay tiempo. Pero urgen las medidas. Plantilla, hay. Entrenador, guste más o menos, también. Olviden el pasado. Abandonen la indolencia. Trabajen. Entrenen. Corran. Luchen. Y, por encima de todo, vuelvan a jugar.

  • Comparteix