Inquietante normalidad

Somos los que estamos. La frase, recurrente, se hace por fin real. Acabados los culebrones, deberían terminar también las indefiniciones. Los que tenían que venir y no han venido, que dejen de dar la lata. Los que debían salir y se han quedado, a trabajar. Y el que debe decidir quién juega, que lo haga liberado de condicionantes. La sensación, tras tres jornadas de mucha sombra y poca luz, es que se ha perdido el tiempo. Va siendo hora que el Barça arranque la temporada. Bilbao y Pamplona retrataron a un equipo apático, sin alma, más tensionado por lo que conllevaba Neymar que por la propia competición. En una plantilla milmillonaria, repleta de campeones de todo, debería sonrojar que los ejemplos a seguir no tengan ficha del primer equipo.

Concedidos cinco puntos de ventaja al nuevo Atlético y uno al que sigue siendo viejo Madrid, sería hora de descubrir qué Barça tenemos. El cierre de mercado invita a instalarse en la normalidad, pero esta llega llena de inquietudes. La primera afecta al diez. Mientras no se recupere al 100%, todo será provisional. Sin Messi, no podremos valorar en su justa medida la aportación de Griezmann. Mientras argentino y francés no coincidan en el campo, no sabremos el rol que Valverde le reserva a Luis Suárez. Y mientras no estén disponibles el uruguayo, Messi, Griezmann y Dembelé, no podremos calcular el coste que para este último habrá tenido su negativa a irse al PSG, con lo que ella conllevaba. Ah, y será cuando tengamos en forma a los supuestos nuevos cuatro fantásticos que podremos saber el papel reservado a Ansu Fati y Carles Pérez, escasas ilusiones en el Barça actual. Muchas inquietudes para una sola línea. Pero las hay también en el centro del campo, donde Valverde ya debe gestionar sin dudas a Rakitic. En la defensa, donde un resfriado de Piqué o Lenglet puede dejar desnuda la zona central. Y en el lateral, con un Semedo jugando para que nos preguntemos día tras día por qué el Barça se ha negado a incluirle en ninguna de las operaciones para las que sonó.

Multitud de inquietudes con la Liga inicialmente torcida y la Champions amenazante. No hay tiempo para titubeos. Valverde debe ejercer con todas sus consecuencias. Disponiendo de esta plantilla, su gestión será más determinante que nunca. A qué quiero jugar. Cómo quiero hacerlo. Con quién. La ausencia de tótems ha permitido ver a un Valverde atrevido. Dando cancha a los más jóvenes. Sentando a alguna de las vacas sagradas. Veremos cuando vuelvan los pesos pesados si el técnico se mantiene firme e impone sus convicciones. A la espera de Messi, el foco se lo lleva el entrenador. Son muchas las decisiones a tomar, y todas tendrán consecuencias. Cerrado el maldito mercado, vuelve la normalidad. Pero es de lo más inquietante…

 

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